Una historia de Pedro Hormazábal Aguilera
Esta iniciativa nace desde 2007, caracterizada por un voluntariado que va recorriendo las calles de Santiago en busca de entregar una atención digna, de calidad y dirigida a las personas en situación de calle que se ven marginadas respecto a la salud pública. Una agrupación de voluntariados esencialmente del área de salud que se comprometen con este problema multifactorial que golpea nuestra sociedad.
Nosotros vivimos en carne propia la atención desinteresada que entrega Salud Calle. El sábado por la mañana conocimos su sede, una antigua casa, que se transformó en “okupa” previo a gestiones que consiguieron darle este hogar a Salud Calle y, más destacable aún, el cómo habilitaron boxes, salas, y bodegas desde unas condiciones iniciales paupérrimas.
Han llevado a cabo una tremenda labor, y lo siguen haciendo. Ese día vimos cara a cara la dureza de la marginación, el abandono de la salud pública y el valor humano que le dan a los pacientes, estos jóvenes que se desviven por darles una integridad y reinserción en el sector público.
Un servicio de la mayoría de ellos estudiantes aún y con un fin de voluntariado, sin fines de lucrar con el servicio a la comunidad. La causa social tocó sus fibras y como futuros profesionales ponen sus conocimientos en favor de un futuro mejor, con más dignidad y menos marginación.
Calidez humana, amor por la labor social y un profesionalismo admirable para afrontar las adversidades que se plantean. Hoy está en una sede, hace un tiempo era una ruta, pero siempre el mismo objetivo: darle una salud digna y de calidad a los más afectados por la situación de calle.
¿Por qué ellos sí pueden verlos? ¿Por qué otros marginan de algo tan básico como la salud? ¿Por qué no se le da el énfasis necesario como sociedad?
Esas preguntas nacen en el terreno, hay que empaparse de la realidad, aunque duela o cueste debemos entender que quizás sea una experiencia única para nosotros, pero hay gente que batalla día a día con esto, por volver a tener condiciones que consideramos mínimas como sociedad, sin embargo, no preocupa si se cumplen para todos a cabalidad.


