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El Nómade Uruguayo

Una historia de Pedro Hormazábal Aguilera

En las calles podemos encontrar un gran abanico de aristas que derivan a la situación de calle, pero todos parecen coincidir en algo, “la calle no es linda ni baila, es dura” o así lo describe Guillermo, un uruguayo nómade que cruzó caminando la imponente y peligrosa cordillera de Los Andes que cerca nuestro país.

No pensemos en estereotipos ahora, “Guille” es bastante lúcido en su historia y en lo que pasaba día a día. El arrancó desde Santa Fe una ciudad Argentina, pero es oriundo de Uruguay, allí él lo tenía todo, señora, hijos con título, profesión, casa, autos, y todo esto lo dejó atrás producto de la enfermedad que es la drogadicción. Ahora tenía otra vida, una vida nómade. ¿Su objetivo?, la séptima región, Curicó.  Llegó a pie a territorio chileno a fines de abril de este año para ser temporero en los campos de la región del Maule.

Largas y frías noches pasaron caminando por la altura de Los Andes, donde cada noche es más oscura y fría que la anterior, probablemente “Guille” ya sepa la ubicación de las estrellas a la perfección de tanto mirar el cielo nocturno. Su único refugio fue su fiel colchoneta y una frazada que los protegía de las agresivas heladas cordilleranas. Soñaba cada noche con que alguien los llevara a Curicó; con un camionero que les diera un aventón, pero sólo quedaba en eso… sueños. Lo mismo ocurrió con cada auto que los veía, parecía acelerar aún más para evitar enfrentarse a la realidad que pareciera espantar a toda persona, la realidad de encontrarse en situación de calle.

El objetivo se logró llegaron a la ciudad, y tras un par de días emprendieron rumbo en bus hasta el Terminal San Borja, ubicado en la comuna de Estación Central. Todo parecía ir de acuerdo con lo esperado, hasta que se hizo ver la dureza de la vida en un cobarde robo. Guille fue asaltado, perdiendo el poco dinero que tenía para los pasajes y sus pocas pertenencias bajo la amenaza del filo de los sables de los asaltantes.

Volvían a quedarse en la calle sin nada. “Guille” y su amigo no bajaron los brazos y tras «quedar en bolas«, prácticamente tenían que buscar cómo generar ingresos, su convicción era volver a tener dinero para seguir la travesía del viaje mochilero. Y si ya había luchado 5 años sin seducirse nuevamente por la droga, luchando día a día con la tentación de su pasada drogadicción.

Cuidar autos y lavarlos fue su motor para comer esos primeros días en Santiago, el asfalto duro, el frío, y para qué mencionar la falta de ducha y comida golpeaban cada jornada a estos aventureros sin hogar. “Guille” un experto en la vida de calle sabe, que para salir de ahí se necesita un impulso, una luz de esperanza.

Uno de aquellos días de lavados y cuidados de vehículos llegó a sus oídos el rumor de la existencia de la “Corporación Nuestro Hogar” que podría brindarles una mano tras ver su autonomía. Si existe algo de lo que “Guille” está seguro es sobre situación de calle, esto no es sinónimo de ser un vago y flojo, él tiene claro que es muy importante el trabajo y la dignidad que entrega lo que permite que la sociedad te aprecie como cualquier otra persona, no con lástima ni con asco.

Las mejores 20 noches de “Guille”, han sido en la “Corporación Nuestra Casa” y si bien, aunque compartían dormitorio con más gente, el techo y paredes le daban confort, además de una cama donde poder seguir soñando más viajes por el mundo.

Hoy es Santiago, pero aquel nómade uruguayo no puede quedarse quieto, el caso de “Guille” representa a las personas con una voluntad increíble para reponerse de las durezas de la vida y no renegar su vivencia y existencia. Ya Curicó no es su destino sino que la próxima parada será en Medellín, Colombia el cielo en la tierra como dicen estos soñadores despiertos.

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